Redes sociales y sexo

Las redes sociales están cambiando nuestra forma de relacionarnos con otras personas a todos los niveles y, como área importante en nuestra vida, la forma de relacionarnos y expresarnos a través de nuestra sexualidad.

Desde la aparición de las primeras redes sociales, nuestro comportamiento ha ido modificándose: compartimos experiencias, amigos, lugares que visitamos, pensamientos, sentimientos, fotografías… Esto ha hecho que podamos estar más unidos a las personas con las que nos hemos ido distanciando, poniéndonos al día con sus estudios, trabajos, actividades preferidas, etc.

Además, se ha convertido en una herramienta muy útil a la hora de hablar con otras personas. Hasta ahora era necesario estar cara a cara o llamar por teléfono. Gracias a las redes sociales, podemos dejar mensajes en el muro, de forma privada o utilizar el chat, facilitando la interacción, sobre todo a los más tímidos.

¿Qué consecuencias tiene este hecho? Lo más evidente es que, al facilitar la comunicación y no tener que enfrentarse al estrés de tener a la otra persona delante, somos capaces de estar más relajados, dejarnos llevar e incluso ser más atrevidos, acelerando el proceso de cortejo. Esto ha llevado a crear nuevas redes sociales más orientadas a la seducción y a conseguir nuevas interacciones que suelen acabar en relaciones sexuales. Se comparten experiencias, trucos, contactos, apetencias, gustos, etc. Incluso existen foros y vídeos explicativos para aprender a ligar en estas plataformas.

Las ventajas están claras. Es fácil, rápido y seguro. No pasas por la humillación de ser rechazado en persona y puedes romper con lo socialmente establecido, pues al poder tener otra “identidad” puedes juguetear de forma más liberal, conductas que generalmente están puestas en juicio moral. Además se pueden conseguir más parejas potenciales, pues al no tener que estar físicamente con ellas durante la interacción, puedes tener contacto con varias personas a la vez.

El problema de estas redes es que no hay una criba para los usuarios y, aunque mucha gente utiliza su perfil real, otros muchos crean nuevas identidades. Compartes fragmentos de tu vida con gente que no conoces, exponiéndose a diversos peligros, más aún si el usuario en cuestión es menor. Cada vez hay más gente que utiliza este método para seducir teniendo conversaciones picantes, enviar fotos (semi) desnudos (práctica denominada como “sexting”) o dando datos personales. Asimismo se genera una presión extra para mantener relaciones sexuales, provocando que los más jóvenes empiecen a realizar ciertas prácticas a edades más tempranas.

Con las nuevas tecnologías y con el flujo de información que se maneja, se derivan algunas conductas no deseables, como pueden ser: la violación a la intimidad, suplantación de identidad y ciberacoso entre otros.

Si bien es cierto que la ley nos protege ante el uso de nuestros datos de forma inapropiada sin nuestro consentimiento expreso, es difícil tener un control sobre el manejo que hacen otras personas de esta información.

No obstante, la legislación española respalda a la persona afectada por las redes sociales. Encontramos este respaldo en la propia Constitución Española, que en su artículo 18, reconoce y garantiza el derecho fundamental  al honor, a la intimidad familiar y personal y a la propia imagen, aunque estos derechos cuentan con una normativa propia, de nombre Ley Orgánica de 5 de mayo de 1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen.
Asimismo, encontramos legislación referida a la protección de la identidad personal en nuestro Código Penal, en la Ley Orgánica de Protección de Datos o en la Decisión Marco 2005/222/JAI del Consejo de la Unión Europea, referida concretamente a los ataques contra sistemas de información.

Por ello, debemos recapacitar sobre el uso que vamos a hacer de las redes sociales y a quién le permitimos acercarse a nuestra vida, pues como hemos visto, es un arma de doble filo: nos facilita las interacciones, ya sea con personas conocidas o para crear nuevos lazos, pero también nos deja al descubierto.
No lo tenemos en cuenta como se merece, cuando realmente implica más de lo que a primera vista pueda parecer.