El Black Friday, que empezó siendo un día puntual de descuentos, se ha convertido en una auténtica temporada de compras. Durante semanas, anuncios, newsletters y redes sociales invitan a aprovechar “oportunidades irrepetibles”.
Aunque para muchas personas esto representa una ocasión de ahorro, para quienes conviven con una relación problemática con la compra, este periodo puede disparar impulsos, ansiedad y recaídas en la adicción a las compras.
Para Giulia de Benito, psicóloga experta en adicciones en Instituto Centta, este fenómeno no es casual: “Vivimos en una sociedad que celebra el consumo como forma de evasión. La adicción a las compras no depende de un único factor, sino de dificultades en la gestión emocional y carencias personales, vinculares y sociales que este tipo de campañas pueden activar”.
Por qué el Black Friday puede reactivar la adicción a las compras
La especialista explica que durante estas fechas aumenta notablemente el riesgo de recaída. La mezcla de alta disponibilidad de ofertas, presión social y mensajes constantes de urgencia —“últimas horas”, “solo hoy”, “no te lo pierdas”— genera el terreno perfecto para que la conducta adictiva vuelva a tomar fuerza.
Compramos para compensar, no por necesidad
Uno de los factores clave es el papel que juega la compra en la regulación emocional. De Benito señala: “El problema no es cuánto compramos, sino para qué. Cuando comprar deja de ser un acto funcional y se convierte en la manera de aliviar la soledad, la tristeza o la ansiedad, estamos ante un terreno de riesgo”.
En estos casos, aparece el ciclo típico de las adicciones:
Impulso intenso → comprar para aliviar malestar
Alivio inmediato pero breve
Culpa, arrepentimiento y autocrítica
Este bucle puede darse incluso sin una adicción plenamente desarrollada, pero cuando se convierte en la forma habitual de gestionar el malestar, el riesgo es muy alto.
Además, añade la especialista: “Muchas veces escondemos nuestra dificultad emocional en actividades normalizadas como comprar. No pedimos ayuda y, sin darnos cuenta, podemos generar un nuevo problema: la adicción a las compras”.
La presión social y el miedo a perder la oportunidad
Durante el Black Friday el entorno ejerce una enorme influencia. Ver cómo los demás “aprovechan” las rebajas puede activar comparaciones, inseguridades y el conocido miedo a quedarse fuera (FOMO).
Giulia de Benito lo explica así: “No quiero equivocarme ni comprando ni dejando de comprar. Muchas veces no decidimos desde nuestras necesidades reales, sino desde lo que hace la mayoría o lo que la publicidad presenta como mejor opción”.
La publicidad se apoya en mecanismos estudiados para estimular el consumo impulsivo:
Términos como “descuento”, “oferta” o “últimas unidades” activan el sistema de recompensa del cerebro.
Las campañas prolongadas permiten fantasear durante semanas con productos deseados, aumentando la probabilidad de compra impulsiva.
Tres estrategias para controlar la compra impulsiva en Black Friday
Aunque estas medidas no sustituyen a un tratamiento cuando existe una adicción, sí pueden ayudar a reducir riesgos durante estas semanas de sobreestimulación comercial.
1. Planificar las compras y cuidar el ritual
El objetivo no es dejar de comprar, sino retomar el control. Diferenciar lo que queremos de lo que realmente necesitamos, preparar una lista y revisar el contexto antes de comprar.
“Cuando cuidas el entorno y el momento de la compra, es más fácil que decidas tú y no el impulso”, señala De Benito.
2. Tomar las riendas de los gastos
Registrar ingresos y gastos —en una hoja de cálculo o una app— ayuda a ver el impacto real.
“Poner números a la realidad confronta y facilita poner límites”, explica la psicóloga.
3. Pedir ayuda: no afrontar el problema en soledad
La compra compulsiva no se resuelve solo con fuerza de voluntad.
“Dejarse acompañar y pedir ayuda profesional hace el camino más llevadero y ayuda a abordar la raíz emocional del problema”, subraya la especialista.
Finalmente, De Benito recuerda que las familias también pueden actuar como prevención. Ser coherentes, mantener valores sólidos y mostrar un modelo sano de consumo es clave: “Somos el espejo en el que nuestros hijos aprenden. La empatía y la coherencia son herramientas preventivas muy potentes”.
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