¿Síndrome o depresión postvacacional? Pautas que funcionan de verdad

Vuelta al trabajo

Desde hace unos años, cuando se va acercando el final del verano los medios comienzan a bombardear con noticias sobre la llamada depresión postvacacional. Pero, ¿existe realmente?

En primer lugar, habría que aclarar a qué se refiere: tristeza y falta de motivación por comenzar la rutina. ¿Realmente es suficiente para llamarlo depresión?

Según el DSM-V, una depresión se caracteriza por un estado de ánimo deprimido y pérdida de interés o apatía, pero debe cursar con más síntomas, como pérdida de peso sin realizar dieta, pérdida de energía, insomnio o hipersomnia, agitación o retraso psicomotor, etc., casi todo el día durante al menos dos semanas. Por tanto, el término “depresión” quedaría descartado.

Por otro lado, un síndrome es un conjunto de síntomas insuficientes para diagnosticar un trastorno, que se dan ante una situación concreta, por lo que se debería hablar más de síndrome postvacacional.

En realidad, la mal llamada depresión postvacacional es un proceso adaptativo durante el cual el sujeto busca acostumbrarse de nuevo a la rutina abandonada. Una conducta se hace hábito cuando se repite diariamente durante un mes aproximadamente. Una vez conseguido, se vuelve un automatismo que no genera malestar en el sujeto. Sin embargo, durante las vacaciones este hábito se pierde, y la idea de tener que empezar de cero produce frustración, pereza y apatía. 

Volver a a rutinaComenzar la rutina es un estrés para el organismo, al cual hemos mimado y dado libertad durante el periodo vacacional. Ahora se le exige un sobreesfuerzo para instaurar una estructura fija, a lo que se suma el “duelo” por lo que perdemos (tiempo más que suficiente para prestarse atención a uno mismo, dedicarse a la devoción en lugar de la obligación, saltarse las rutinas, los horarios, menor exigencia, etc.). 

El problema aparece cuando uno no sabe asumir este periodo de adaptación, se resiste al cambio y los síntomas continúan más de lo debido. Si pasados 15 días uno se sigue sintiendo igual, sin lograr incorporar la rutina a su vida y gestionar todas estas emociones, entonces es cuando se debería acudir a un profesional.

Sin embargo, existen ciertas pautas que se pueden realizar para reducir el impacto del estrés producido por dicho proceso de adaptación. Algunas de ellas son:

– Volver de vacaciones unos días antes: dará tiempo a mentalizarse sobre el cambio y terminar de organizar los preparativos para la nueva rutina.

Instaurar un horario acorde con el que se llevará durante la vida laboral: durante las vacaciones lo primero que se flexibilizan son los horarios, por lo que volver a despertarse pronto, hacer las comidas a sus horas y demás es necesario.

– Respetar las horas de sueño: cuanto más descansado se esté, menos fatiga y desgana tendremos los primeros días.

– Reincorporarse al trabajo a media semana: la perspectiva del fin de semana hace menos dura la semana inicial.

Realizar algo de ejercicio: regulará los ciclos circadianos y liberará endorfinas que nos hagan sentir mejor.

Plantearse nuevos retos: comenzar con un reto diferente motiva para afrontar el trabajo desde una nueva perspectiva.

– Afrontamiento activo.

Realizar actividades placenteras en el tiempo libre: una buena red social ayuda a apaciguar un bajo estado de ánimo.

En definitiva, retomar la rutina habitual cuanto antes de forma flexible y permitiendo pequeños momentos de descanso.

Silvia Cintrano
Unidad de Psicología General