Psicología para perder peso

Son dos las fechas señaladas que la mayoría tenemos marcadas en el calendario para el inicio de los buenos propósitos: una es después del verano, cuando nos incorporamos de nuevo a nuestra rutina diaria, y otra al comienzo de un nuevo año. Cuando de perder peso se trata, los mas obstinados comienzan sobre el mes de enero a plantearse un cambio de hábitos que les proporcione un método rápido para perder esos kilos que le sobran. Apuntarse a un gimnasio, solicitar los servicios de un profesional en Dietética y Nutrición Humana, ambos métodos a la vez, etc… son los pasos que se encuentran más a mano para comenzar a luchar contra los kilos.

No obstante en España se han multiplicado los casos de obesidad y sobrepeso en la población tanto adulta como infanto-juvenil. Para las personas que sufren este tipo de problema de salud, acudir a un gimnasio puede resultar una de las tareas más tediosa a las que se puedan enfrentar. Incluso puede llegar a ser perjudicial si se hace de forma no controlada por profesionales. Para estas personas se abre un nuevo horizonte cuando se trata de luchar contra el exceso de peso. Multitud de clínicas de estética se han apuntado a la última moda y ofertan la colocación del balón intragástrico, la banda intragástrica o el by-pass.

Parece que con estos procedimientos tenemos al alcance de nuestra mano perder esos kilos que nos sobran sin más esfuerzo por nuestra parte que el económico. Pero este tipo de técnicas requieren de un estudio previo que evalúe la idoneidad del tipo de intervención en cada caso particular, y no todas las personas que padecen sobrepeso u obesidad pueden someterse a este tipo de intervenciones para mejorar su peso.

Un caso claro son los pacientes que sufren un desorden en su peso por exceso a consecuencia de unos hábitos alimenticios incorrectos consistentes en “picotear” a todas horas pequeñas cantidades de comida. En este tipo de pacientes los efectos beneficiosos de las técnicas de tipo restrictivo anteriormente mencionados no surten efecto pues su estómago nunca termina por llenarse y ofrecer esa sensación de saciedad y plenitud que se tiene cuando comemos en exceso al sentir el estómago distendido.

Este tipo de pacientes son capaces de ingerir grandes cantidades de comida diariamente sin apenas darse cuenta de ello. Cuando se les pide que enumeren y cuantifiquen la comida del día anterior, estos pacientes picoteadores solo son capaces de recodar entre un 30 y un 40% del total de los alimentos ingeridos. No son precisos a la hora de cuantificar la cantidad y olvidan muchas visitas a la nevera o armarios de la cocina. Cuando son preguntados por las causas de su sobrepeso, responden asombrados que la desconocen pues ellos mismos reconocen que comen menos que el resto de personas.

Por otro lado, lo que debemos tener muy en cuenta a la hora de valorar este tipo de técnicas es que los procedimientos por si solos no reducen el peso ni nos despojan de esos kilos de más. Solo son mecanismos de ayuda para que una vez instaurados, los pacientes se pongan en manos de profesionales y juntos trabajen hacia una meta común, que es cambiar sus hábitos alimenticios y su estilo de vida.

Sin duda un Nutricionista podrá calibrar el tipo de alimento y la cantidad adecuada para cada persona según su sexo, su edad y su actividad física. Un preparador físico podrá elaborar un plan de entrenamiento adecuado a su edad y a su peso, y por último, un Psicólogo puede ayudar al paciente a vencer esos obstáculos que dinamitan una y otra vez todos nuestros intentos de perder peso, puede ayudar y entrenar al paciente a adquirir unos conocimientos y aplicarlos para que una vez conseguido el objetivo, este se pueda mantener a lo largo del tiempo y sobre todo puede entender al paciente, acompañarle en este proceso y a ofrecer una ayuda para que el paciente encuentre la motivación necesaria para lograr su objetivo.

Alfonso Méndez Alegre
Unidad de Obesidad y Sobrepeso