Las sesiones de Arteterapia en Instituto Centta

Después de haber hablado acerca de las emociones que aparecen en el discurso de algunas pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en mi pasado artículo, ahora nos centraremos en compartir la experiencia de las pacientes que participan en las sesiones de Arteterapia que ofrece Instituto Centta como parte del tratamiento de los TCA.

A menudo, cuando presento a las pacientes la Arteterapia y en qué van a consistir las sesiones, me miran incrédulas. Sus mensajes, desacreditan su capacidad: no sé dibujar, no sé pintar, no sé qué voy a dibujar si tú no me lo dices. Comúnmente, se afirma que las personas que desarrollan un TCA tienen una fuerte necesidad de control y es por ello que escogen hacer actividades que dominan, en las que tienen máxima garantía de éxito. De lo contrario, la sola posibilidad de fracasar en una tarea, les genera un miedo aterrador. Miedo al juicio, a la desaprobación, miedo al rechazo.

Con ánimo de tranquilizarlas, les cuento  que se trata de que hagan una obra inspirada en la temática de la sesión, los temas que han ido tratando conmigo o con mis compañeros terapeutas  y que siguen teniendo presentes en ese momento. Les animo a que se relajen, que se dejen llevar y que hagan lo que sientan, sobre todo les sugiero que sientan. Para ello, ponemos música, preparamos el espacio, cuidamos el silencio y nos hacemos presentes. 

Mientras observo atentamente el proceso, las artistas se ciñen a su obra. Hay momentos de bloqueo, de duda, de frustración, pero también de fluidez, entusiasmo y motivación. Durante la creación de su obra, me dedico a estudiar cómo ésta sucede,  a conocer su desarrollo, a observar cómo se resuelven los problemas, los bloqueos, las dudas. Cuando terminan,  me presentan lo que han elaborado, las ideas que reflejan, las relaciones, las situaciones, las circunstancias. Hablamos de todo ello apoyándonos en su obra, el mapa personal que les ayuda a ver lo que sienten.

Al principio era inseguridad, duda y desconfianza, pero tras varias sesiones y el desarrollo de un vínculo más sólido, sus testimonios cambian la balanza. Percibo alegría, satisfacción y gozo en las mismas personas que en un principio dudaban. Se enfrentan a sus fantasmas armadas con pinceles y ceras de colores, para ponerles forma y darles un lugar, para observarlos desde fuera y dejar de temer que sigan dentro. Cuando ven sus obras acabadas,  la alegría y la ilusión son las emociones que experimentan las pacientes: “puede que mi obra no represente nada en concreto pero para mí está llena de significado”. 

La arteterapia tiene la capacidad de hacer visible lo invisible, materializar lo inconsciente y generar procesos de cambio a través de la ruptura con la inercia. Representar lo innominable y dar luz en la oscuridad

Cristina Ramos
Responsable del área de Arteterapia