La ansiedad en la infancia, qué es y cómo se previene

Los niños se enfrentan a una gran cantidad de situaciones novedosas a lo largo de su desarrollo evolutivo como empezar el colegio, dormir fuera de casa, hacer amigos, realizar un examen, etc. Estas situaciones les generan gran variedad de emociones y, al igual que los adultos, es normal que sientan miedo, preocupación o ansiedad cuando perciben que no son capaces de enfrentarse a ellas o que el mundo en el que viven es incierto o peligroso.

El miedo es una respuesta natural y propia del ser humano. Cumple una función protectora al avisarnos de la presencia de posibles peligros.

La mayoría de los miedos en la infancia son transitorios y no interfieren en el desarrollo emocional de los niños. De hecho, existen una serie de miedos universales que aparecen a determinadas edades y desaparecen a otras como son el miedo a separarse de los padres, a las personas extrañas, a la oscuridad, etc. Estos se conocen como miedos evolutivos y cumplen una función adaptativa. Además, fomentan que los niños desarrollen habilidades y recursos personales encaminados a aprender a resolver esas situaciones sin problemas.

La ansiedad es un estado emocional de miedo intenso, acompañado de preocupación o inquietud que se expresa con respuestas fisiológicas (nauseas, vómitos, dolor de estómago o de cabeza, sudoración, temblores, etc.), cognitivas (inseguridad, dificultad de concentración, preocupación relacionada con el peligro, la muerte, el daño físico, etc.) y conductual (llantos, gritos, morderse las uñas o chuparse el dedo, tartamudeo, movimientos innecesario, postura rígida, retorcerse el pelo, etc.). Las respuestas de ansiedad son reacciones defensivas innatas que se activan de forma instantánea ante esas situaciones de miedo o peligro. Dentro de ciertos límites son adaptativas ya que nos preparan para enfrentarnos a esas situaciones novedosas, difíciles o exigentes de forma exitosa.

Sin embargo, hay ocasiones en que esas respuestas de ansiedad de disparan de forma descontrolada, con una elevada intensidad o durante largos periodos de tiempo interfiriendo en la vida del niño y causándole un gran sufrimiento. En estos casos nos podemos encontrar ante un trastorno de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad tienen una frecuencia relativamente alta y se estima que afectan a un 9-21% en la población infantil. Existe una gran variedad de trastornos de ansiedad que pueden afectar a niños y adolescentes.  Los más comunes son la ansiedad por separación, la fobia escolar, la fobia social, el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo-compulsivo. Si no se tratan de manera adecuada pueden interferir de forma importante en el desarrollo de los niños y repercutir de forma negativa en su funcionamiento social, académico y familiar.

En estos casos es fundamental la actitud de los padres. Se ha comprobado que estos pueden influir en la aparición, desarrollo o mantenimiento del problema de diversas formas. Las más comunes son:

1) transmitiendo al niño de manera directa o indirecta que el ambiente es peligroso e incontrolable;

2) modelando conductas de miedo o evitación;

3) reforzando esas conductas de miedo y evitación de los niños o

d) sobreprotegiendo al menor.

Por ello es importante que los padres se impliquen en el proceso actuando como figuras de apoyo y protección a la hora de ayudar a los niños a enfrentarse a sus miedos. De este modo, facilitarán la transitoriedad y superación, a la vez que estarán fomentando la autonomía de sus hijos.

Miriam Escalera
Unidad de Psicología Infantil