El maltrato ascendente en adolescentes españoles

Se hace cada vez más evidente el aumento progresivo de los índices de violencia entre los adolescentes españoles (13-18 años). Fenómenos como el Bullying o acoso escolar son denunciados cada vez con mayor frecuencia por padres y profesores, testigos directos de conductas violentas entre grupos de iguales adolescentes. Sin embargo, uno de los fenómenos que mayor alarma está generando durante los últimos años, y sobre el que la Fiscalía General del Estado ha expuesto su preocupación de forma oficial es el fenómeno del maltrato ascendente. El maltrato ascendente consiste en cualquier tipo de conducta violenta ejercida por descendientes familiares sobre sus progenitores directos, es decir, adolescentes que agreden a sus padres. Cabe pensar además, que la Fiscalía General del Estado se haya pronunciado sobre el aumento de los casos objeto de causa judicial, pudiendo suponer que estos se traten solo de la punta del iceberg y que la realidad oculte un mayor número de casos no denunciados.

Estudios realizados por las principales facultades de Psicología del país han puesto de manifiesto ciertas características socio-demográficas que se encuentran más directamente relacionadas con el maltrato de tipo ascendente.

Los adolescentes varones, por ejemplo, son los que más agreden a sus progenitores, siendo estos más del doble en relación a los agresores mujeres. Por otra parte, la mayor parte de los adolescentes agresores se encuentra en el intervalo de edad entre los 12 y los 16 años. En esta última edad, en los 16 años, es donde se encuentran tanto los mayores índices de agresividad como la gran mayoría de adolescentes que la ejercen. El maltrato ascendente sigue por tanto una tendencia en aumento entre los 12 y los 16 años de edad, momento en el que adopta entonces tendencia decreciente. Los 21 años, es la edad en la que la práctica totalidad de los casos estudiados muestran una desaparición de este maltrato ascendente.

Otro factor determinante del maltrato ascendente parece ser el fracaso escolar. De todos los casos estudiados, en ninguno de ellos el adolescente había logrado obtener un aprobado en todas sus asignaturas. La inmensa mayoría suspendía entre 3 y 6 asignaturas, y un pequeño porcentaje se trataba incluso de adolescentes sin escolarizar. Este dato resulta especialmente alarmante dada la indudable relevancia de la educación en el desarrollo psicosocial de los adolescentes, que parece afectar aún también en su comportamiento fuera de las aulas e intrafamiliar.

El maltrato ascendente se ejerce en mayor proporción mediante la agresión física y verbal conjuntas. En más de la mitad de los casos estudiados los jóvenes agredían a sus padres mediante insultos, humillaciones y descalificaciones; así como mediante patadas, puñetazos o lanzamiento de objetos peligrosos. Rara es la ocasión en la que el maltrato ascendente se ejerce mediante una de las vías expuestas.

Uno de los datos más curiosos que se han encontrado en estas investigaciones, en contra de lo que muchos pensábamos (se incluye quien escribe estas líneas), es que la gran mayoría de los jóvenes maltratadores de tipo ascendente estudiados no presentaron ningún tipo de trastorno mental.  Más de una tercera parte de los casos vistos fueron clasificados “Sin Diagnóstico”. En otros casos, sin embargo, sí se diagnosticó trastorno mental, siendo el Trastorno Negativista Desafiante el más diagnosticado.

Otro resultado interesante es que la mayoría de los jóvenes maltratadores estudiados no procedían de familias desestructuradas, todo lo contrario, provenían de familias adecuadamente posicionadas a nivel socio-económico y de progenitores casados. En estos casos, los adolescentes suelen agredir a ambos progenitores por igual, no diferenciando padre de madre.

Todos estos datos, sin embargo, son aún escasos para poder realizar un abordaje integral sobre el fenómeno del maltrato ascendente en adolescentes españoles. Queda patente por tanto el enorme campo de investigación que se abre frente a la Psicología, Psiquiatría y demás ciencias del comportamiento humano que se tornen interesadas sobre este fenómeno y deseen arrojar un poco más de luz sobre él.

El hecho de que a los 21 años la inmensa mayoría de casos muestren una desaparición total de la violencia ofrece muchas pistas sobre las fases psicoevolutivas de las personas, siendo los 21 años la edad aparentemente chivato de la madurez humana, tanto a nivel psicológico como cerebral. Las neurociencias aquí tienen mucho que decir.

Un aspecto que se echa en falta además es el posible consumo de sustancias de estos adolescentes. Hasta ahora pocos son los estudios que han tratado el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes maltratadores de tipo ascendente.

Cabe llamar la atención del más que probable efecto perjudicial sobre el fracaso escolar, y por ende sobre los índices de violencia en adolescentes, de los recortes presupuestarios sobre la educación pública que se vienen aplicando pocos años atrás y parece seguirán aplicándose en años próximos. Si el fracaso escolar en España ha ido siempre en aumento, incluso en épocas boyantes de las arcas públicas, cabe esperar un aumento exponencial del mismo ahora que los recursos económicos de las instituciones públicas dedicadas a la educación son cuantitativamente menores, sumado además al descontento generalizado del profesorado público, que afectará innegable y directamente a la calidad de su trabajo.

Jonathan Quejido
Director de la Unidad de Evaluación

 

 

 

 

 

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