Dimes y diretes (científicos) sobre nutrición

La formación continuada y la actualización en el campo de trabajo es y debería ser un elemento fundamental en la trayectoria de cualquier profesional, máxime en el campo de las profesiones sanitarias, donde el objeto de trabajo son las personas y su salud, por lo que hacer lo posible por dar el mejor servicio se torna si cabe, más importante.

Recientemente y en esta línea he tenido el placer de disfrutar junto con compañeros de la Unidad de Obesidad y Sobrepeso de Instituto Centta de varias jornadas relacionadas con el mundo de la alimentación y los Trastornos de la Conducta Alimentaria. En ellas, organizadas por prestigiosas Universidades y Fundaciones del ámbito nacional se daban cita referentes del campo de la investigación y el tratamiento, tanto desde la psicología como de otras disciplinas como la medicina, la nutrición, la biología, la genética o la química. Todo desde el máximo rigor científico y basados tanto en la experiencia clínica como en la investigación empírica.

Sin embargo, aunque para muchos profesionales los contenidos de este tipo de encuentros puedan no sorprenderles demasiado, salvo alguna investigación o dato poco conocido o recientemente descubierto, la realidad es que a la inmensa mayoría de los mortales por suerte o por desgracia, estos datos no le son familiares, y en muchos casos eso puede perpetuar la adhesión o continuación de determinadas prácticas poco saludables.

Para empezar, y volviendo a insistir en que estos datos hacen referencia a resultados de investigaciones científicas; hay que destacar que a la larga ninguna dieta ha demostrado conseguir pérdidas de peso superiores a los 8kg. Asimismo, a día de hoy aun no están exactamente cuantificadas las cantidades de energía ingerida, gastadas y/o almacenadas por el organismo (kcal). Este dato ya genera un posible error de base: no se sabe con certeza la cantidad de calorías que contienen los alimentos ni las que el cuerpo consume, sea vía metabólica o por medio de ejercicio físico.

Otro dato interesante es que el 65% de las mujeres que tienen normopeso quieren perder peso. Es más, el 18% de las mujeres con déficit ponderal también quieren perder peso. Como se puede observar, son porcentajes nada despreciables y que parecen reflejar la tendencia que sigue la sociedad ante la presión de la cultura de la delgadez. Quizá este sea el dato que menos sorprenda…

En cualquier caso, parece que muchísima gente hace dietas pero, ¿realmente saben lo que hacen?, ¿saben lo que comen? ¿te aporta un conocimiento superior sobre alimentación?. Un estudio interesante realizado con una muestra de mujeres que habían hecho dietas en comparación con otras que nunca habían seguido un proceso de este tipo evidenció que el conocimiento nutricional que tenían ambos grupos en cuanto a alimentos a restringir no era significativamente diferente. Por tanto, la información que maneja la mayoría de la gente hagan o no dieta es bastante homogénea, pero ¿es suficiente o acertada?

¿De dónde sacamos esta información? Hoy en día internet se ha convertido en una de las principales fuentes de información a todos los niveles y para todos los temas. En cuanto a la comida la cosa no cambia. Internet es una potentísima herramienta de difusión, totalmente libre y utilizable por cualquiera con un ordenador y una conexión a la red. Eso es tanto un don como una maldición: cualquiera puede escribir cualquier cosa. Alguien puede escribir como haciendo determinada práctica ha conseguido perder X kg en X tiempo, sin que eso tenga por qué tener validez, ni a nivel científico ni de salud. Aquí tienen un nicho de mercado enorme las empresas dedicadas a la venta de nuevas dietas o productos adelgazantes milagro. Hacen una enorme inversión en publicidad y difusión, venden lo que pueden y se van.

De todos modos, esto no sería un problema si fuéramos críticos a la hora de examinar este tipo de dietas o productos pero parece que nuestra información en este sentido es escasa como para poner esos métodos en tela de juicio. Además, hay otro factor muy importante en cuanto a la información publicada en internet: es muy resistente. Un estudio de la Universidad de Ohio reveló que los rumores falsos que circulan por internet resisten todas las correcciones, aunque estas vengan de organismos científicamente competentes (OMS, Sociedades Científicas de cualquier campo…). Es como decir que si está en internet y la web tiene buena pinta…es verdad.

Un ejemplo de estos rumores falsos en relación con las dietas milagro son las actualmente famosas dietas proteicas o proteinadas. En contra de lo que se pueda pensar, a día de hoy no hay evidencia científica suficiente para la recomendación de dietas proteicas o su relación con la subida, bajada o mantenimiento del peso. Lo que sí se sabe es que las dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos (disociadas) aumentan la mortalidad por todas las causas y el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, en Europa ya se comen más proteínas de las recomendadas y aun así los índices de obesidad siguen siendo alarmantes.

Decía un autor que “quizá donde mas se engaña a la gente es en el campo del tratamiento de la obesidad” (Bender, 1994) y es posible que tenga razón. Es difícil resistirse a querer tener el cuerpo perfecto y manipular la dieta para ello. Pero a veces no se puede controlar y acaba desembocando en un problema alimentario. Esa “dieta saludable” que todos tenemos que llevar a cabo parece tan sencilla como complicada, y quizá simplemente sea aquella que puedas mantener toda la vida: equilibrada, variada y suficiente.

Robin Rica Mora
Unidad de TCA